miércoles, 13 de marzo de 2013

Un viaje, dos sentidos


-María Belén Peralta Ramos

Espero llegar a horario esta vez. Siempre llego tarde. Pero es el tránsito. ¡Si yo salgo temprano…! Es que esta ciudad está llena de trapitos y limpiavidrios y piquetes y todo tipo de gente que molesta y no tiene respeto por los demás.
Ahí hay unos pibes haciendo malabares.
No tienen vergüenza, ¿por qué no van a trabajar? Claro, como ahora cobran sin hacer nada… les pagan por ser vagos. ¿Cómo va a funcionar un país de esa manera?
No tienen respeto. ¡No tienen vergüenza!
Tengo que tomar por otra calle porque escuché que hay una manifestación de unos trabajadores de no sé qué.
Menos mal que a Ramona me la trajeron de Paraguay, que acá no tiene papeles ni derechos, porque de otra manera, la tendría haciéndome problemas por aguinaldo, obra social y todas esas cosas que piden. Hasta son capaces de hacerte un paro estos... Si no tienen vergüenza…
¿Qué hago yo sin Ramona? Tendría que ocuparme del bebé, de la casa, de las compras. No me quedaría tiempo para nada importante. Además el bebé conmigo no come y me cuesta una vida que se duerma. No, la verdad, lo bien que hicimos en traerla de Paraguay.
¡Este colectivero se cree el dueño de la calle! y sí, ahora resulta que tienen prioridad y carriles exclusivos, ellos, los del transporte público.
¡Carajo! Ya estoy retrasada, si llego muy tarde Teresita empieza a atender a otra clienta y me tiene que hacer el color Carmen. Yo prefiero a Teresita, tiene más clase, es más fina.
El semáforo. Esta esquina es de terror con el semáforo.
No, mi amor, no me limpies el vidrio que me lo acaban de lavar. No, no tengo nada.
Siempre lo mismo con estos trapitos. ¡No tienen vergüenza!
Ramona, ¿se durmió el bebé?
A esta que no se la ocurra la loca idea de querer ir a visitar a su familia ahora para las fiestas, porque no sé qué hago. Son capaces. Son capaces de cualquier cosa. Con lo que le pago y además le doy techo y comida. Agradecida debería estar, si en su país se estaría muriendo de hambre… Pero son capaces de cualquier cosa, si no tienen vergüenza…
Ramona, ahora entramos a la peluquería, que vean al bebé, después te lo llevás a la placita, ¿sabés? El pediatra dijo que tiene que tomar sol.
¿Y este tipo? ¿Me quiere cuidar el auto por una propina? ¿Hasta dónde vamos a llegar?
¡¡No tienen vergüenza!!

-Ramona

¿Otra vez a la peluquería? ¿No fue hace tres días? ¡Ah! Debe tener otra fiesta.
Qué hermoso Maxi, se está quedando dormido con el movimiento del auto. Está grande y cada día más lindo.
No sé para qué tenemos que acompañarla, será que quiere que las amigas vean a Maxi.
Pero yo tengo tantas cosas que hacer… debería estar limpiando y planchando y preparando la cena para esta noche, que tienen invitados.
¡Ah! Unos chicos haciendo malabares… ¡Qué lindo, no se les caen las pelotitas! Me recuerdan a mi Juancito… Cómo lo extraño… Ojalá la señora me dé permiso para ir a visitarlo en Navidad. Qué falta que me hace…
Sí, seguro me va a dar el permiso, ella también es madre.
¿Por qué tomará por esta calle? Sí, ahora me acuerdo, es por la manifestación en repudio al desalojo de cincuenta familias de unos terrenos municipales, pobres… los sacaron a palazos.
Yo dentro de todo tengo suerte. Tengo techo, tengo comida, tengo trabajo. Pero cómo extraño a mi Juancito…
¡Ay, qué susto ese colectivo!
La señora se olvidó que este es el carril de los colectivos. Pobre, debe estar preocupada por algo.
¡Un limpiavidrios! Es tan jovencito, debe tener la edad de mi Juancito…
Mi Juancito… Ojalá allá los patrones los están tratando bien.
Sí, señora, está dormidito, como un angelito.
Ahí está Don Evaristo, pobre, vive en la calle desde que lo despidieron de la fábrica. Con sesenta y ocho años cuida autos para sobrevivir. Y sí, seguro, la señora le da algo... 

PAULA DI CROCE 

sábado, 2 de marzo de 2013

Beso


El primer beso es todo. Es deseo y realidad;
es la mezcla de sensaciones que hay que saber apreciar.
Pequeñas variaciones que podemos llegar a diferenciar
poco a poco al difrutarlas, al sentirlas con los ojos cerrados.

Las tensiones y los miedos del momento previo suceden
mientras esa lucha de mariposas y arañas en el estómago,
te hacen desear ése beso como único horizonte,
como el aire que respirás a cada momento.

Los segundos que preceden aquel beso parecen eternos,
pero se aceleran por la propia motivación
de la búsqueda de esos labios que serían el edén;
un oasis en donde al llegar querrías quedarte por siempre.

Y el momento del contacto primario
parece una implosión que sacude tus sentidos,
porque si hasta ese momento tu mente caminaba en línea recta;
a partir de allí, se dispara en distintas direcciones.

Ése dulce choque te quita el aire y
te hace morir para renacer a cada segundo.
Te hace convivir y compartir con el otro
aquel momento de sabores y sentidos profundos

La vista cegada por tus parpados
hace que todos tus sentidos esten mucho más vivos,
permitiendo a su vez que tu pensamiento y tu imaginación
se entrelacen definitivamente, creando nuevas sensaciones.

Pero el beso no es sólo un beso.
El beso es el contacto, son los labios y la mente
En ése instante no hay nada; ni otros ni mundo,
porque el beso es el mundo en sí mismo

Y si al abrir tus ojos puedes observar la miel en los suyos
y ver el sol que resplandece sobre ellos;
no te detengas a pensar mucho más que eso,
es un beso que ha pasado y pasará por tus labios.

CÉSAR EDERY

martes, 12 de febrero de 2013

Extracciones ¿QUIÉN MATÓ A ROSENDO?

¿Quién mató a Rosendo? (1969) de Rodolfo Walsh


Rodolfo Walsh vuelve a levantar la bandera del Nuevo Periodismo investigando y desentrañando los sucesos internos del sindicalismo peronista en las décadas que siguieron a la Revolución Libertadora. El hecho de los asesinatos en la confiteria Real en Avellaneda es el punto en el cual se basa el autor para hacer un recuento de cómo se manejaba la cúpula de la CGT -con Augusto Timoteo Vandor a la cabeza- tanto en épocas democráticas o de dictadura en Argentina. También da cuenta sobre los inicios de la burocracia sindical con relación estrecha con los empresarios; y el pensamiento revolucionario peronista que comenzaba a gestarse en esos años. A continuación algunos párrafos interesantes del libro:

  • “Raimundo se acuerda (...) Cuando el plenario nacional levanto la huelga, volvió a su fábrica (...) resulta que adentro de la fábrica me estaba esperando el principal Plomer. Stuvo allí toda la noche (...) bajaron otros dos con ametralladoras, y el rpeso fui yo. Catorce días incomunicado (...) Diez días en Olmos. Cuando el oficial me dio la libertad, me dijo: 'Espero no verlo más por acá'. Y yo le dije: 'En cada huelga que haya, nos va a encontrar siempre'”.
  • “Adonde nunca pudo volver, fue al sindicato. 'Parece increíble, pero ahí nos persiguieron más que los patrones. Ninguno de los que dirigimos aquella huelga en Avellaneda pudimos volver al sindicato. Se convirtió en una maffia (...) Los dirigentes hacían negocios de chatarra con los patrones, con el argumento del comunismo expulsaban del sindicato y las empresas a los obreros combativos, amasaban fortunas, se rodeaban de matones a sueldo. Entonces sí, oímos hablar de Vandor'.”
  • Raimundo Villaflor en referencia a Domingo 'El Griego' Blajaquis: “Porque él nos sacó todos esos berretines que teníamos, de ser peronistas por el hecho de serlo, y no comprender que el peronismo es un movimiento parecido al de otros pueblos que luchan por su liberación. Él no, él siempre fue un revolucionario, siempre tuvo una concepción del destino de la clase trabajadora. Y él nos explicó las causas por las que estabamos derrotados, el papel del imperialismo, el papel de la oligarquía, y el papel de la burocracia en el peronismo: esos recitadores de los días de fiesta. Aprendimos lo que significaban los movimientos de liberación en el resto del mundo, y porqué nosotros teníamos que desembocar en un movimiento de liberación. Una vez que se abraza la concepción revolucionaria, ya no se la abandona más.”
  • “...hizo la riqueza de pocos y la miseria de tantos.”
  • “Claro, vos me decís así, dice, porque vos todavía nos comprendes lo que es luchar por un ideal. Y tenía razón el Griego. Tenía razón, porque un idealista, la mayoría de las veces, no llega a ver sus aspiraciones concretadas, se muere en la pelea y no tiene nada. Y esas son cosas muy grandes para los hombres.”
  • “...había querido salvarse solo, y no hay salvación individual, sino del conjunto.”
  • En algún momento le pareció que comprendía la esencia del poder: ese punto de equilibrio en que nadie hace su voluntad, pero el más hábil opera con la voluntad ajena.”
  • “Diez años de paciencia, de tejer y destejer alianzas, de empollar en el campo adversario, de convertir derrotas de los suyos en victorias para sí. 'El má s hábil negociador sindical'; 'Un sindicalista de ideas populares que sabe trabajar con la derecha y frecuentar la embajada de los estados Unidos': son algunas entre los centenares de frases acuñadas por un periodismo que lo convierte en vedette, en mito (...) 'Todo confluye en Vandor'. El sistema lo ha aceptado plenamente...”
  • “Ahora su enemigo se llama Perón (...) Quizá el choque venga de antes, del fracaso de la Operación Retorno, un buzón que el vandorismo le ha vendido al general (...) lo que está en juego es todo el aparato partidario.”
  • “...con esa humildad de todos los humildes, que les parece que siempre piden mucho...”
  • Escribe Raimundo Villaflor: “Y es cierto, nunca tuvo nada, ni llegó a nada en el sentido que los burgueses dan a ese concepto. Porque un auténtico revolucionario, no llega a nada hasta que destroza el régimen corrompido y parasitario que nos explota e instaura una nueva sociedad (...) tuvo también claridad para comprender con mucha anticipación como la burocracia se transformaba en dique de contención de las masas...Ese era Domingo Blajaquis, nuestro griego, la muerte lo sorprendió trabajando por el pueblo trabajador (...) tratando de quebrar ese cerco de hielo e insensibilidad de la burocracia traidora. No murió peleando, murió asesinado a mansalva. Pero no es un mártir, es un héroe. Fue un militante más del ejército invencible del pueblo trabajador, fue un auténtico revolucionario.”
  • “El acuerdo de 1959 fue presentado a las bases metalúrgicas como un triunfo. La derrota estaba en sus cláusulas no escritas, la alianza de hecho entre empresas y dirigentes. La industria (...) debía seguir un curso monopolista: concentración de empresas, liquidación de talleres chicos, aumento de la productividad, ganancias rápidas. El vandorismo accedió a todo esto y las consecuencias resultaron graves no sólo para los trabajadores.”
  • “Para los trabajadores, el cierre de una pequeña fábrica es un desastre: se bajan las persianas y a cantarle a Gardel. No hay preaviso, no hay despido, no hay indemnización (...) En las grandes empresas, en cambio el despido es selectivo. Se echa a los más combatientes, previamente calificados de 'comunistas' o de peronistas revolucionarios. Se disuelven las comisiones internas, si es necesario se las compra...”
  • “¿Adónde pueden protestar los trabajadores? Al sindicato. Pero allí también fastidian, allí también cuestionan, allí también resultan 'comunistas'. Patrones y dirigentes han descubierto al fin que tienen un enemigo común: esa es la verdadera esencia del acuerdo celebrado por el vandorismo con las federaciones industriales.”
  • “... el gremio se convierte en aparato. Todos sus recursos, económicos y políticos, creados para enfrentar a la patronal, se vuelven contra los trabajadores. La violencia que que se ejercia hacia afuera, ahora se ejerce hacia adentro. Al principio el aparato es la simple patota (...) A medida que las alianzas se perfeccionan, a medida que el vandorismo se expande a todo el campo gremial y disputa la hegemonía política, el aparato es todo: se confunde con el régimen, es la CGT y la federación patronal, los jefes de policía y el secretario de Trabajo, los jueces cómplices y el periodismo elogioso.”
  • “-Si me saco la camiseta peronista, pierdo el gremio en una semana. Con esta frase resumía Vandor en 1965 una de las claves de su ascenso: era posible negociar en secreto con los empresarios, 'ser un patrón', siempre ques e afirmara en público la lealtad al sentimiento de las clases populares.”
  • “El peronismo por otra parte sigue ligado al recuerdo de tiempos más felices, al mito del regreso que torna discutible en última instancia cualquier jefatura local. Vandor concibe entonces su maniobra más audaz: demostrar que ese regreso es imposible.”
  • “Ya hemos visto cómo se jugó la partida: Vandor gana en la CGT, perón en el partido. El golpe de Onganía desempata a favor del dirigente metalúrgico: ya no hay partidos, ni parlamentos, ni elecciones.”
  • “...la burguesía no tiene nada que temer de Vandor. Lo que él pretende es que las cosas mejoren dentro del Sistema, llegar a un arreglo 'permanente' (...) La comunidad capitalista no aparece cuestionada, la lucha de clases no es reconocida, la 'paz social' debe mantenerse, se quiere ser 'factor de poder' y no tomar el poder.”
  • “...Vandor es derrotado por los hechos, además de la teoría. Si los trabajadores lo juzgan hoy duramente es por los resultados de su acción, por lo que él ha conseguido con sus negociaciones, sus maniobras y sus pactos: destruir el gremio metalúrgico convirtiéndolo en simple aparato, dividir la CGT, quebrar la confianza de los trabajadores en sus dirigentes, retrotraer el movimiento obrero a 1943.”
  • “Es bueno, sin embargo, que los trabajadores aprendan a reconocer las ideas que conducen a esos hechos, y que sepan también que las ideas no son inocentes, que el desprecio por la ideología de la clase obrera es una promesa segura de traiciones, y que las traiciones no se consuman porque sí, sino en pago de algo.”
  • “No se trata, por supuesto, que el sistema, el gobierno, la justicia sean impotentes para esclarecer este triple homicidio. Es que son cómplices (...) encubridores de los asesinos. Sin duda ellos disponen de la misma evidencia que yo he publicado y que en otras circunstancias servirían para encarcelar a Vandor y sus guardespaldas. Si no lo hacen es porque vandor les sirve. Y si Vandor les sirve es, entre otras cosas, porque ésa amenaza está pendiente sobre él”.


martes, 22 de enero de 2013

Te busco


Te busco en cada rincón de mi presente.
Te imagino en mis segundos, en mis amaneceres.
Tus gestos dibujados en las arrugas del sofá
cambian al ritmo de los laberintos
de mis pensamientos.

De la radio escapan sombras de palabras,
que se cuelgan un instante del marco de la puerta,
para caer al abismo de este espacio,
que, poco a poco, se apodera
de todo lo que me queda.


Paula Di Croce

martes, 15 de enero de 2013

Recordar

Mariano miraba el piso. Sentado en su silla de todos los martes, miraba la alfombra corroída de la sala de terapia de la Clínica Sur, y no quería levantar la cabeza. Hoy no tenía ganas de hablar, y menos de dar explicaciones. “Recordá, recordá y vas a entender” le decían; “recordá y vamos a poder explicarte mejor” lo apuraban los doctores Levy y Ramirez todas las semanas. Hoy no tenía ganas.
Aproximadamente unos veinte minutos más tarde, en un vacío que percibió en el aire, Mariano levantó la cabeza y recorrió la habitación. La luz matutina entraba desde ambos ventanales que daban al noreste de la casona, y el reflejo pegaba en la pared blanca y sobre algunos cuadros que estaban frente a él. Jorge Levy y Manuel Ramirez charlaban y anotaban cosas en sus cuadernos, pero al ver el movimiento de Mariano, ambos giraron sus cabezas y le prestaron atención unos instantes. Levy lo increpó: “¿Y Mariano, querés contarnos algo…?”. No les contestó y siguió recorriendo el ambiente con su mirada.
A la izquierda de Ramirez, Mariano miraba por momentos a Sofía, una chica de unos 23 o 25 años. En cada sesión aparecía con algún nuevo golpe o marca en su cuerpo. De lo único que hablaba en las sesiones era de su novio, de cuanto lo quería y de cuánto la maltrataba. Al lado de ella estaba la pareja de ancianos de siempre, de unos setenta y pico de años cada uno. A Mariano lo aburrían bastante los viejos, siempre con sus conversaciones y sus culpas, discutiendo entre ellos y pidiéndole explicaciones a los doctores. Mas a la izquierda estaba la otra pareja, o eso es lo que Mariano creía. Entraban y se iban de la terapia juntos, siempre se sentaban uno al lado del otro, y alguna vez los había visto contarse cosas al oido y reirse. No recordaba muy bien si los había visto besarse. Por lo menos en la clínica no, pero podía llegar a imaginarlos. Por ultimo, y cerrando el círculo de sillas que miraban a los doctores, había un nene. Casi nunca hablaba, y tampoco interactuaba con el resto. Levy era el que mas insistía en su caso preguntándo sobre sus padres y sus hermanos, pero el chico nunca respondía. Mariano solamente lo había escuchado contestar dos veces. Una vez a Ramirez, al principio de la terapia. Y la segunda a él mismo.
La Clínica Sur era un centro de rehabilitación que estaba alejado de la ciudad. Los pacientes podían tener sesiones todos los días o una vez por semana, según el caso particular de cada uno. Pero nunca interrumpían un tratamiento, por duradero o dificil que éste sea. Tampoco se modificaban los profesionales de cada paciente. Ésto a Mariano le molestaba mucho, básicamente porque estaba cansado de dar los mismos discursos y las mismas explicaciones a Ramirez y a Levy. Y también le molestaba escuchar a sus compañeros de terapia. Hubo días en que llegó a sofocarse, a sentirse aturdido, y tuvo que abandonar la sala para ir a tomar aire a los pasillos que miran al patio central de la casona.
Los ancianos le producían cansancio mental, mucho más del que ya tenía antes de comenzar cada sesión. Lo agotaban las eternas discusiones sin sentido, los reproches del pasado, el desplante a los doctores. La extraña pareja también, pero de manera muy diferente. A Mariano le parecían raros, con cierto morbo y hasta perversos. Siempre le había llamado la atención las extrañas cicatrices que ella tenía en sus brazos. En una de sus muñecas habían rastros de algún intento de suicidio. No sabía qué pensar de ellos, pero algo los unía con el, no sabía bien qué era. Podían llegar a estar monologando por tiempo indefinido, intercalándose en el discurso. Se complementaban verdaderamente bien, hasta parecían una misma y única persona.
Despues estaba la chica. Sentía mucha ambigüedad con ella. No soportaba sus llantos desconsolados, sus marcas en el rostro y su tristeza permanente; pero no podía dejar de observarla. Había algo en ella que le atraía. Su sensualidad y su debilidad se apreciaban en sus movimientos y también en sus palabras. Eso le gustaba, pero a la vez lo enfurecía. No podía entenderla. Y por último estaba el niño. No lograba captar su personalidad. No sabía porqué estaba compartiendo terapia con un chico de casi 10 años. No entendía la lógica de juntar a todas esas personas en ésa habitación, en ese grupo. ¿Para qué compartir sus historias, sus vidas?
Mariano nunca podrá olvidar el cruce que tuvo con aquel chico -por lo revelador y movilizante-, cuando en medio de un diálogo entre Levy y Ramirez, el chico comenzó a mirarlo y logró incomodarlo. Mariano miraba al chico y a los doctores totalmente desorientado. Volvió a enfocar en el niño que no le quitaba los ojos de encima y al reposar en los doctores, estos también lo observaban con cierta levedad. Hasta que Ramirez recayó en lo de siempre: “¿Qué pasa Mariano? ¿Viste algo?”. Sin que pase ni un segundo, le pareció escuchar que el chico susurraba en dirección al profesional: “Parece mentira. ¿No te das cuenta que no ayudas a nadie asi? ¿Por qué en lugar de conversar tanto y hacer garabatos en el cuaderno no relees la historia clínica?”
Mariano había quedado totalmente sorprendido con esas palabras que escuchó y miró a Ramirez. Éste también volvía su mirada hacia Mariano, y moviendo la cabeza de un lado al otro lo increpó nuevamente: “Mirame. Mariano, mírame a mi ¿Vas a recordar?” Refregándose los ojos, y tapándose la cara con la palma de sus manos, Mariano pasó algunos segundos intentado pensar. Sentía el murmullo de la sala que comenzaba a aturdirlo, y decidió hablar; pero cuando levantó la cabeza el niño seguía observándolo. “Y vos -en dirección a Mariano- ¿qué mirás con esa cara de víctima? ¿No te das cuenta que las respuestas están acá adentro? Pensá un poquito, hacé el esfuerzo de recordar. Mirá a tu alrededor y recordá. Si lo hacés todo va a terminar” sentenció el pequeño, mientras levantaba su remera dejando ver su torso repleto de lastimaduras y moretones. Después de observar cada una de las marcas, se dio cuenta que las heridas del niño eran sus propias marcas de la niñez. Mientras el aire se hacía espeso y el ambiente se tornaba cada vez más oscuro, Mariano intentaba repasar las miradas de los presentes en la sala y sentía que lo que él creía cicatrizado todavía estaba abierto, sin cerrar del todo, todavía latiendo en su interior. Mariano volvía a cerrar sus ojos.
La tormenta mental habrá durado algunos segundos, pero en un momento terminó. El silencio se apoderó de aquella pulcra y esteril habitación. Al levantar la cabeza que enfocaba en el piso, Levy y Ramirez seguían frente a él, observándolo; pero el resto de las sillas estaban vacías. No había nadie más que ellos tres. No había ancianos, ni pareja extraña, ni chica golpeada ni el niño que lo conflictuaba. No había grupo, no había otros. Sólo él, su mente y los analistas.
Y el vacío aquel, logró aclarar ciertas ideas y empezó a acomodar los pensamientos. Como si las palabras del pequeño -o tal vez aquellas marcas horribles- lo hubieran golpeado como una maza en el medio de su frente, de repente empezó a recordar situaciones de su pasado. Una serie de imágenes circulaban en su cabeza, en donde él era el protagonista absoluto, conociendo paisajes y lugares, recordando anécdotas tal cual iban ocurriendo. Pero llegó un instante en donde algunas caras empezaron a resultarle conocidas. Y eso lo incomodó de inmediato, comenzó a transpirar y a cerrar sus ojos para intentar no ver lo que estaba recordando.
Imágenes familiares típicas, la escuela, el campo deportivo, su habitación; en donde él era el niño de la sala. Se vió adolescente, besando a la chica golpeada de la terapia; la vió reir y bailar junto a él en sus pensamientos. También la vió llorar en un rincón de alguna habitación. Luego apareció la pareja de ancianos, pero en diferentes etapas. Los vió mas jovenes dentro de su hogar, y también los recordó en su fiesta de graduación. Y en aquella fiesta apareció la imagen de la chica que formaba la extraña pareja de la sesión. Lo abrazó con fuerza y corrió hacía la pareja de ancianos. Su vida estaba pasando delante de sus ojos al recordar. Pero lo peor estaba por llegar. Y el paso de cada segundo, de cada minuto, significaba entender.
Luego de esas primeras imagenes, empezó a recordarse en situaciones que lo espantaron. Se vió de niño, siendo golpeado por aquel anciano -en realidad su padre-; mientras su madre lloraba en silencio en otra habitación. También recordó a su hermana -la chica de la extraña pareja-, dandolé un beso apasionado. Y ahí mismo se recordó como el joven que formaba aquella dupla de terapia; gritando, discutiendo y llorando junto a ella. Luego la vió muerta en el piso del baño de la casa de sus padres, con las venas abiertas y el piso totalmente ensangrentado.
En otras imágenes se encontraba solo, vagando por algunos suburbios con personas extrañas, aspirando cocaina y tirado en alguna esquina perdida de la ciudad. En medio de esos recuerdos también aparecia la joven golpeada de la terapia, discutiendo y gritando junto él, en medio de calles oscuras. Ella lo insultaba y el la golpeaba desmesuradamente. La había dejado tirada unas cuantas veces en esos pensamientos que ya comenzaban a inquietarlo. Sus ojos abiertos no permitian ver nada. Su mente estaba fuera de control, como tantas otras veces, pero ahora había podido recordar. Hoy había podido entender su presente a raíz de repensar su pasado.
La inyección cruzó su piel y el líquido empezó a correr por sus venas. Levy y Ramirez lo recostaron en la camilla y lo trasladaron por el pasillo de la clínica a su habitación. Lo acomodaron en su cama y se alejaron, cerrando la puerta con la cerradura doble habitual. El blanco de las paredes se cortaba con el cuero que aprisionaba sus muñecas y tobillos. Así permanecería por varias horas ésa tarde y toda la noche; pero aquel día no había sido como el resto. Y seguramente los que estaban por llegar tampoco sería iguales a los que había dejado atrás. Esa noche, mirando por la pequeña ventana que daba al patio central, esperó con ansias que lleguen las primeras luces del alba. Quería volver a recordar.

CÉSAR EDERY

viernes, 30 de noviembre de 2012

Sueño Amor



¿Podría enamorarme de alguien que no conozco
y no sé si existe más allá de mis pensamientos?
¿Podría fascinarme con unos ojos que nunca me miraron,
de unos labios que no besé o de una caricia que nunca fue?

¿Podría pensar que mi amor se deposita en ésa persona
sin siquiera haberla visto sonreír ni una sola vez?
¿Podría desear soñar con que ése amor me envuelva,
pero con algo de temor a despertar y que se esfume?

Continuamente describo su figura en un cielo limpio y celeste,
dejando una huella de nubes con el paso de mis manos.
Intento tocar el agua mansa con mis dedos,
y en ése movimiento poder imaginar y recrear su rostro.

Veo en cada persona que cruzo en las calles, las plazas y los bares;
algo de aquella persona amada.
Y ése algo me hace creer, me hace ilusionar,
me hace saber que tal vez nos encontremos.

Me duermo y me despierto pensando en nuestro amor.
Un amor fundado en unos ojos, unos labios, unas palabras
que me fascinan, me seducen y me atrapan,
pero siempre como fantasía y no como pura realidad.

El día y la noche transcurren de forma cíclica
y todos mis pensamientos me llevan a esa ensoñación,
 por eso creo que mi dependencia a ese amor es total,
sin por eso llegar a ser un karma ni un talismán.

Este amor no es ni un trofeo ni una carga,
tan sólo es, tan sólo transcurre;
y mi vida se sostiene en aquel pensamiento,
siendo como el aire: necesario y habitual

Pero si no conozco a esa persona,
y nada sé de su existencia real y física.
¿Puedo estar idealizando aquel amor?
¿Puedo estar deseando ése sentimiento?

Tal vez ese amor exista en otra situación,
en otro mundo, en otra realidad.
Si los sueños son otra realidad, implícita y aparente,
¿Puedo creerme un soñador?

CÉSAR EDERY

miércoles, 24 de octubre de 2012

Favoritos: "LOS DINOSAURIOS" de Charly García

Los amigos del barrio pueden desaparecer
los cantores de radio pueden desaparecer
los que están en los diarios pueden desaparecer
la persona que amas puede desaparecer.

Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire
los que están en la calle pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.

No estoy tranquilo mi amor,
hoy es sábado a la noche,
un amigo está en cana.
Oh mi amor
desaparece el mundo

Si los pesados mi amor llevan todo ese montón de equipajes en la mano
oh mi amor yo quiero estar liviano.
Cuando el mundo tira para abajo
yo no quiero estar atado a nada
imaginen a los dinosaurios en la cama
Cuando el mundo tira para abajo
yo no quiero estar atado a nada
imaginen a los dinosaurios en la cama

Los amigos del barrio pueden desaparecer
los cantores de radio pueden desaparecer
los que están en los diarios pueden desaparecer
la persona que amas puede desaparecer.

Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire
los que están en la calle pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.





miércoles, 19 de septiembre de 2012

Perros y gatos

Es extraño, pero una vez que te das cuenta, se aclaran varias cosas. Y además te parece que es una verdad que estuvo siempre frente a tus narices, pero nunca te habías dado cuenta. Sólo basta con caminar las calles de cualquier ciudad y tan sólo observar, levantar los ojos del piso, y enfrentar la realidad.
Las personas en situación de calle, los indigentes, los cirujas, los crotos -o cómo más te guste llamarlos- tienen una particularidad específica: las mujeres se rodean de gatos y los hombres, de algún que otro perro. Es así, no hay medias tintas. No recuerdo haber visto alguna vez un hombre en ésa situación particular con un felino como acompañante. Y a una mujer tampoco la asocio con un perrucho. Es raro, y nos obliga a pensar y a recordar, pero la línea de pensamiento va en esa dirección. Y la explicación también puede llegar a dificultarse, pero podría sintetizarse –de manera simplista, bárbara y hasta apresurada- de la siguiente forma:
Las mujeres eligen la compañía franelera y mimosa de los gatos, aunque ésa relación sea momentánea y distante, y aunque ésa compañía felina se distancie y no necesite realmente del afecto humano para sobrellevar sus días. En contrapartida, los hombres y los perros se acercan y crean otro tipo de relación. Una relación de compañerismo y necesidades mutuas, de afecto y de camino compartido. Podríamos llamarla –sin extrañarnos- una relación de amistad.
¿Es descabellado lo planteado? No se, pero cierra los primeros cabos sueltos por lo menos. ¿Podríamos analizarlo un poco más a fondo? Seguro, pero por hoy, esto es lo que puedo dar. Más no. El refrán indica que no hay que pedirle peras al olmo. Pero quien te dice… Tal vez en un futuro las peras caigan de los olmos, los perros y los gatos vayan juntos en una vereda y aquel hombre le tome la mano a aquella mujer, y puedan recorrer algunas calles juntos, haciéndose compañía. 

CÉSAR EDERY 

domingo, 19 de agosto de 2012

París




“Dieron las cuatro
con su nombre en los labios”
(Bárbara Durand)

Frente a Jazmín, resplandeciente, la Torre Eiffel. Su mirada elevándose para tratar de observar el extremo más alto.
Dan las cuatro.
Los bracitos pegados al cuerpo. Expectante. No puede creerlo, sencillamente. Muchos esfuerzos para estar allí, parada en el exacto lugar que soñaba cada día.
Lo está esperando. El viene de Suiza.
Se conocieron en la primavera del año pasado. Desde entonces venían manteniendo largas charlas por msn. Jazmín iba a trabajar dormida. Le costaba despedirse de Diego.
Cada noche, antes de cerrar sus ojos se preguntaba si era posible sentir esa revolución en su interior por él, cuando en realidad apenas lo conocía por algún que otro retrato. Pasaban largas horas enviándose fotos de cada uno. Por supuesto ella las seleccionaba con cuidado. A veces, cuando volvía del trabajo, se tomaba unos cuantos minutos para determinar cuáles serían las elegidas. Temía dejar de gustarle. Temía que se enamorara de otra mujer.
El sueño de Jazmín siempre había sido conocer París, “la ciudad del amor”. Y desde que conoció a Diego enseguida se le ocurrió encontrarse con el allí.
A partir de entonces, leyó historias de gente que se enamoraba en esa bella ciudad.  Y casi como una obsesión, se sumergió en un mundo de fantasías del cual ya no pudo escapar. Pero ella estaba contenta, sólo restaba hacerle la propuesta a Diego. Tomó coraje, segura de recibir un sí, y enfrentó la situación.
Aquel día llegó a su casa luego de trabajar casi sin descanso. Se conectó. Esperó que él lo hiciera. Y tímidamente, como si Diego se encontrara junto a ella, mirándola a los ojos, le contó su idea.
El se tomó unos minutos para responder. Eso la inquietó. Hizo un máximo esfuerzo para no comenzar con sus pensamientos rumiantes.
Luego de unos minutos, Diego le contestó:

-          No conozco París.

Desde esa respuesta en adelante la vida de Jazmín consistió en llevar a cabo los preparativos que generaba un viaje de semejante magnitud. Estaba ansiosa. Jamás había viajado al exterior.
Llegó el día y estaba exhausta. Era ella quien se había encargado de todo. Tal es así, que sentía la presión de que todo saliera como lo había planeado.
Cada segundo repasaba en su mente todo lo que había empacado. No quería olvidar nada. Llevaba casi como un amuleto una agenda con todas las direcciones de hospedajes, regalos que debía comprar para su familia y una pequeña listita de perfumes.
Su familia había ido a despedirla al aeropuerto. Se sentía una niña.
El último adiós se lo dio su madre. Mientras Jazmín subía las escaleras, al tiempo que agitaba su mano para saludarla, vio como se secaba sutilmente los ojos con un pequeño pañuelo que estilaba llevar en esas ocasiones.
Las horas de vuelo transitaron lentas, hasta que  por fin  aterrizó.
Era de mañana y con un taxi se dirigía al hotel que había alquilado y que quedaba a unas pocas cuadras de la torre. A las tres de la tarde se encontraría con Diego tal como habían acordado. La ansiedad le oprimía el estómago. Siempre le ocurría lo mismo.
Daba vueltas en el cuarto del hotel pensando qué ponerse para deslumbrarlo, aunque al mismo tiempo tenía ganas de un atuendo sencillo que correspondiera más a su estilo.
Fue así que optó por un trajecito color natural que su madre le había regalado para su cumpleaños. Apenas se maquilló. Se perfumó como lo hacía siempre que estaba contenta y salió al encuentro.
Decidió ir caminando. Aquellas cuadras parecían infinitas. Sus esfuerzos por mantener la mente en blanco no eran tan poderosos como para evitar que un torbellino de imágenes diera el presente.
Y llegó.
Hipnotizada se para frente a la torre para contemplarla. Luego se sienta en una banquetita junto a los árboles que  la rodean y espera.

FLOPI BORRILLI
Sigue esperando.
No quiere darse por vencida, aguardará un rato más.
Dan las cuatro.
No le sale pronunciar su nombre.


FLORENCIA BORRILLI

viernes, 10 de agosto de 2012

Susurro



No había sol
celebrando la
media luz
que cubría su piel

sumergida en
la llanura negra
de una expiración acabada

despacio
en círculos
se pierden por ahí:
en alguna idea,
refugio de llantos

los gritos
ahogándose en
penurias escandalosas

navegando
incansables por
el paraíso
de la ofuscación

despierta/ despierta

el rumbo que
espera su caminante
hace arroyos
en el aire
susurra su llegada.

FLOPI BORRILLI